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4 ago 2014

Hospital Beds

'There's nothing to do here,
some just whine and complain
in bed at the hospital,
coming and going,
asleep and awake
in bed at the hospital'

Hace aproximadamente mes y medio, después de varias dolorosas sesiones en el dentista (o intento de dentista), y tras una particular dolorosa visita para terminar una endodoncia, me intoxiqué con un medicamento. Uno no sabe a qué es alérgico hasta que algo le provoca mareos, hormigueo en brazos y piernas, náuseas, taquicardia y dificultad para respirar. Yo creí que esos síntomas eran provocados por el dolor tan fuerte que sentía y pretendía que me inyectaran algo en la farmacia. Cuál va siendo mi sorpresa cuando el doctor me dice "tiene que ir a urgencias".

Para no hacer el cuento tan largo, estuve internada dos días, después de estar en observación varias horas en Urgencias. Resulta que el medicamento que me tomé (en dosis fuerte cabe agregar) era de efecto prolongado y necesitaba estar en observación hasta que saliera de mi sistema (tanto tiempo como fuera necesario). 



Como era de imaginarse, mi celular tenía como 15% de batería y en esos momentos sólo contaba con dos amigas que me habían llevado al hospital. Yo nunca había sido internada por nada en mi vida (gracias a Dios) y por lo tanto no tenía idea de lo complicado que es estarlo: para empezar el tema del dinero (si tienes seguro ya chingaste porque si no, es CARÍSIMO), luego el hecho de que te quitan TODO lo que traes contigo (literal te encueran y te quitan tus cosas) y el que necesites a un familiar o amigo que se quede afuera esperando con tus cosas (así o más incómodo es esto, por cierto). No puedes usar tu celular ni tener nada para entretenerte mientras esperas a que alguien se aparezca a revisarte o decirte lo que sea, por horas...

Con la pila que me quedaba, mis amigas le avisaron a Adolfo, que a su vez se encargó de avisarle a mis papás, después de hablar con el doctor y saber que todo iba a estar bien. 

Uno nunca sabe cuándo va a tener una emergencia de este tipo (o de cualquier tipo for that matter). Mientras estuve en el hospital, me habría gustado estar mejor preparada con ciertas cosas, cosas que desde ese momento no saco de mi bolsa, por si las dudas y porque no están de más:



1. Cepillo de dientes portátil. Porque tenía uno en la oficina, pero no en mi bolsa :/ (no fotografiado y en su lugar una pasta de dientes de bolsillo)
2. Cargador de pared del celular. Siempre cargo el cable para conectar a una computadora, pero en el hospital obviamente no tenía una computadora para cargar mi teléfono, por lo que estuve completamente incomunicada todo el tiempo que estuve allí.
3. Un libro. Porque es una gran manera de entretenernos cuando tenemos que esperar para una cita, para llegar a algún sitio o sólo porque no siempre podemos depender de la batería del teléfono y confiar en que habrá Wi-Fi a donde sea que vayamos.
4. Una agenda. No del tipo "planner", sino de aquellas donde tenemos anotados teléfonos y direcciones. Si mi celular no hubiera tenido nada de batería, no sé qué hubiera hecho para que mis amigas se comunicaran con Adolfo, ya que hoy en día confiamos tanto en el teléfono que al menos yo, no me sé el número de nadie!
5. Pluma y papel. En mi caso, alguna libreta, porque nunca sabes dónde te agarrará la inspiración además de que escribir o dibujar son buenas maneras de pasar el tiempo.
6. Estuche de maquillaje. Porque el hecho de que estés en el hospital no significa que tengas que lucir como paciente terminal.
7. Cartera. Esto puede parecer obvio, pero soy de las personas que por influencia paranoica de su madre, a veces prefiere dejar la cartera/tarjetas en casa. Esto es importante SIEMPRE llevarlo! y dentro una identificación, un poco de efectivo y de tenerlas, tarjetas de crédito que cómo sacan del apuro.

Otras cosas que cargo también son una sombrilla pequeña (cuando es temporada de lluvias) y una agenda (tipo planner), pero ninguna son cosas que se necesiten para una estancia en el hospital.

De todo corazón, deseo que sólo tengan que ir al hospital cuando vayan a ser madres! 

G.

26 abr 2014

Funky Town

'Gotta make a move to a
Town that's right for me
Town to keep me movin'
Keep me groovin' with some energy

Well, I talk about it
Talk about it
Talk about it
Talk about it
Talk about, Talk about
Talk about movin...'

Cuando Adolfo recién se mudó al DF y yo vivía en Veracruz, solía venir de fin de semana y en sólo un par de días, él lograba sorprenderme llevándome siempre a lugares nuevos y totalmente diferentes a los que había (y todavía hay) en Veracruz. Si no hacíamos un “tour arquitectónico”, nos dedicábamos a desayunar/comer/cenar en lugares no sólo deliciosos sino además diseñados con todo el detalle y buen gusto que caracteriza a los arquitectos y diseñadores mexicanos contemporáneos.

Desde que Adolfo se fue a Puebla y yo vivo sola en México, esos días de pasear de un extremo de la ciudad a otro para conocer una casa que hizo Barragán o cenar en el nuevo restaurante que diseñaron Rojkind y Esrawe, se han esfumado, y han sido reemplazados por días enteros en la cama viendo series de los 90’s (cuando paso mis fines de semana sola, à la Charlie Peanuts) o por cenas a las 8 de la noche del sábado en algún lugar familiar y domingos en plazas comerciales varias (cuando Adolfo viene).

¿Qué ha cambiado? Por una parte, recorrer y descubrir la ciudad no es tan appealing cuando no tienes con quién disfrutarlo y comentar. No es lo mismo ir a alguno de esos lugares que solíamos visitar con alguien que no encuentra en ellos lo que nosotros como arquitectos vemos… disfrutan la comida (y más aún la bebida), pero no pasa de allí (sorry friends, es la verdad). Por el otro lado, creo que oficialmente he dejado de ser una turista y me he convertido en una habitante (chilanga jamás, no offense) de esta hermosa y caótica ciudad.

¿Y qué pasa? Es algo que me gustaría llamar el efecto NYLON (NY/London). ¿Cuántas veces hemos escuchado de amigos que tienen la fortuna de vivir en ciudades como esas (aunque seguro pasa en muchas otras, God knows que Sheffield no es exactamente París y me pasó allí también) que nunca han estado en X o Y lugar? Lugares que son la principal “atracción turística” de dicho lugar, razón misma que se vuelve la causa de por qué nunca han ido allí. Nos lo decía Melissa en New York y Hemani en Londres. Melissa nunca, en varios meses que llevaba viviendo en NY había ido a Central Park o Times Square, mientras Hemani que toda su vida había vivido en Londres, no sabía dónde estaba el Serpentine Gallery Pavilion en Hyde Park. Yo, que había visitado Londres una vez antes ese mismo año, fui mejor guía turística que ella… ¿por qué?

Supongo que cuando vivimos en un lugar, tenemos la idea de que lo que sea que queramos hacer algún día, podemos hacerlo cualquier día, sin pensar que nos pueden clausurar ese sitio porque la hija de un funcionario de gobierno se quejó (Lady Profeco I’m talking to you), o que puede cambiar tu vida porque te proponen matrimonio y guess what?, te toca mudarte a Holanda, Noruega, Bélgica, España, Italia o algún lugar menos nice que éste (porque enfrentémoslo, la ciudad de México es lo máximo).

El otro día reflexionaba sobre esto y cómo a veces se me olvida dónde estoy y todo lo que esta ciudad ofrece. La realidad es que fuera de las ocasiones en que tengo visitas, no suelo frecuentar lugares turísticos, ni siquiera aquellos que me interesa conocer como Xochimilco (porque nadie  quiere ir a Xochimilco de forever alone, ni siquiera porque YOLO). Ahora que lo pienso, las únicas cosas que hago, aun cuando estoy sola en fin de semana, involucran actividades de carácter muy local… tan local, que siento que cada que asisto a este tipo de cosas (La Lonja Mercantil, el Corredor Cultural Roma Condesa, los Foodtrucks Fairs/Bazars), veo a las mismas personas, y aunque no conozca a nadie y naaaadie me conozca a mí, siento que pertenezco a este lugar.

A veces se me olvida dónde vivo… pero me he puesto como meta recordármelo más seguido porque nunca se sabe qué puede pasar y a dónde puedo ir a parar.




g.

22 abr 2014

Coming home

‘I'm coming home, I'm coming home 
Tell the world I'm coming home 
Let the rain wash away all the pain of yesterday 
I know my kingdom awaits and they've forgiven my mistakes 
I'm coming home, I'm coming home 
Tell the world that I'm coming’

Hablar del “hogar” es todo un tema. Dicen que el hogar es donde está el corazón… pero también dicen que el verdadero hogar es donde uno creció… hasta que uno tiene su propia familia… y crea su propio hogar… o es necesario tener una familia para tener nuestro propio hogar?

Cada que vuelvo a Veracruz digo que voy a casa, pero quiero decir a mi hogar, porque ahí crecí, porque ahí está mi familia, mis amigos… porque las cosas son familiares, sé a dónde puedo ir a buscar una rebanada de pastel a media tarde (Kathinka o Champlitte), un vestido para una fiesta (esa tienda donde Miri modela y nos hace ver a cualquiera que compre los mismos vestidos como Precious), o un esquite con cacahuates japoneses (Las brisas).

Sin embargo, la realidad es que cuando voy, no me siento del todo en mi casa; me siento una huésped en la casa de mis padres, una visitante en el cuarto de mi hermano. Sí, muchas de mis cosas permanecen allá (miles y miles de fotografías, muñecos de peluche y libretas Scribe ecológico) pero la realidad es que voy de paso un par de días con una maleta (a menudo con ropa sucia para lavar allá) y tupperwares para regresar a México con comida de mi mamá.

No me malinterpreten: me gusta ir a casa. Me gusta dormir en MI cama, que mi mamá prepare para dos días toda la comida que no he podido comer en meses, ir a desayunar a la Parroquia con mi papá, ir a la playa (cuando hay buen tiempo, o sea nunca que voy), estar con Camilo, ver a mis amigas. Lo que no me gusta es pasar más de 10 horas en un autobús (viaje redondo) y pasar allá apenas unas 48 horas porque no son suficientes.

Cuando voy a Puebla tampoco es muy diferente. Con todo el “calor de hogar” que aportan las personas, hacen que uno se sienta cómodo, y sí, tal vez, hasta “como en su casa”, pero nada se compara con llegar a la que uno llama su casa, ese espacio del que uno se apropia y el cual adapta a sus necesidades. Ese sitio para mí es México, es donde vivo, trabajo y de vez en cuando salgo a pasear.

Supongo que todo es cuestión de acostumbrarse. Yo ya estoy acostumbrada a ser independiente y tomar mis propias decisiones, aunque por el momento consistan en si compro pollo para cocinar o si como Maruchan toda la semana. Estoy acostumbrada a caminar al trabajo (y prácticamente a todos lados dentro de un rango aceptable claro está), a tomar leche entera y no de dieta, a bañarme con agua hirviendo y hasta a la presión del agua de mi regadera. Estas y otras cosas hacen que aquí me sienta en casa.

Me pasó también cuando estaba en Sheffield. Tuve oportunidad de viajar un poco, y con todo y mis maravillosos anfitriones (porque la verdad es que los hostales no son exactamente los sitios más cómodos y/o acogedores), y las increíbles mini vacaciones que tuve, siempre esperaba con ansias regresar al sitio donde vivía, mi departamento, mi cuarto, y todo lo que en ese momento me era familiar, la costumbre.

Después de cuatro días en Veracruz, de playa, descanso y largas y amenas/ilustrativas pláticas con “las amistades en la vacación”, me alegro de haber ido, pero estoy feliz de estar de regreso en casa, ese lugar al que ansío regresar, donde me siento cómoda y puedo hacer lo que quiero.


 
     
 
 

g.

5 ago 2012

God bless the broken road

'every long lost dream, lead me to where you are where I am,
others who broke my heart, they were like northern stars
pointing me on my way into your loving arms,
this much I know is true...
God bless the broken road that lead me straight to you here.'

Hace poco y hace mucho también, alguien me preguntó por qué ya no escribía… un poco es por falta de inspiración y un mucho es por falta de tiempo. Hoy más que nunca el tiempo es un gran lujo. Ricardo Legorreta decía que “el verdadero lujo es el espacio” y yo no difiero; sin embargo también creo que el verdadero lujo es el tiempo. El tiempo para hacer lo que nos gusta y nos hace felices, el tiempo para comer, para descansar, para trabajar y para pasar con las personas que queremos.

He tenido problemas “hace tiempo” para encontrar el tiempo que me permita hacer muchas cosas, escribir es solo una de ellas. Evidentemente, estudiar una maestría de arquitectura en Europa, con las posibilidades infinitas que el tener una beca ofrece, no me dejó mucho tiempo el año pasado para hacerlo. Y hasta ahora, esta situación no ha cambiado mucho.

Hoy me siento muy feliz y muy agradecida por todas mis caídas. Por todos los momentos en que he estado en un punto muy bajo de mi vida profesional. Las cosas no siempre salen como uno quiere o planea, pero creo firmemente en que todo pasa por algo.

Mi plan siempre fue mudarme al DF y entrar a trabajar en un gran despacho… A la semana de que regresé, conseguí trabajo en un despacho. Muchas cosas pasaron por mi cabeza a la hora de tomar la decisión de mudarme a otra ciudad después de haber estado fuera de casa un año. Ninguna lo suficientemente fuerte para hacerme cambiar de idea porque ese era “el plan”, así que lo hice. Mi trabajo me dio la satisfacción de mantenerme por mi misma y me permitió hacer otras cosas que me dieron la felicidad que mi trabajo no me estaba dando.

Decidí buscar lo que creí que quería, y digo “creí” porque la realidad es que no lo tenía del todo claro. Después de pensarlo mucho, me di cuenta de que conseguir lo que supuestamente quería, implicaba renunciar a esas otras cosas que me hacían feliz. 

Entonces pensé  “un trabajo que te haga feliz, no uno que pague la renta”. Dicen que cuando uno  hace lo que le gusta, no trabajará un día de su vida. Hoy puedo presumir de tener no uno, dos trabajos que AMO, que me llenan y me hacen verdaderamente feliz; en los que aprendo algo nuevo cada día y me hacen crecer como persona, además de profesionalmente.

Gracias a todos los despachos que me cerraron las puertas: a los que no se molestaron en contestar mis correos, a los que no pudieron ver más allá de las imágenes impresas en papel,  que no se dieron la oportunidad de conocer a la persona que hubiera dado todo por ser parte de su equipo. Cada puerta cerrada me guió en una dirección diferente y me llevó a donde estoy ahora.

A veces, en la persecución de un sueño nos perdemos y encontramos uno mejor, y eso me ocurrió a mí. Gracias a las personas que creyeron en mí y me dieron la oportunidad de ser parte de sus proyectos. Hoy, no tengo el lujo del tiempo para escribir o para dormir tanto como quisiera, pero no me importa, porque aunque estoy ocupada de 8 a 8, nunca tengo que ir a trabajar.




26 ago 2010

25 Things

Descubriendo día a día nuevos blogs que me han servido mucho, un poco de inspiración y otro poco como preparación para muchas situaciones que vienen en camino, me topé con este artículo de College Candy, titulado “25 cosas que hacer antes de los 25”. Al principio me emocioné al leer el título pero confieso que me dio un poco de miedo leerlo… me asustaba la posibilidad de no haber hecho MUCHAS de las cosas que propone la autora y que fuera demasiado tarde para intentarlas, en especial porque ya tengo 25, pero mordiéndome el labio seguí leyendo para descubrir que aunque todavía me faltan algunas cosas por hacer, puedo decir con sinceridad que he disfrutado los primeros 25 años de mi vida.

Nota Aclaratoria: la lista fue hecha por una chica americana (pueden leerla aqui), no por mí. Yo sólo hice una traducción y traté de adecuarla lo más posible; lo que viene después de cada enunciado, es la explicación que la chica da a cada punto. Posteriormente, dedicaré diferentes posts para comentar algunas de estas actividades que he tenido la fortuna de experimentar por mí misma. He dicho.

1. Tener un One Night Stand con un chico lindo. Olvidándose de que las personalidades encajen o no, y sin facebookearlo al día siguiente. Se trata de apreciar (y aprovechar) el cuerpazo del chico… y tomarse una pastilla a la mañana siguiente por si a caso, porque si lo hiciste como se supone, no hay forma de que te pongas en contacto con él.

2. Consumir algún tipo de droga. De lo contrario, cuando tengas hijos pensarán que eras una nefasta loser si cuando te digan “Ma, seguro que eras bien loca y divertida en los años ‘10” y tu respondas “ahh.. si… tomaba cerveza”. (o en mi caso, no me gustaba la cerveza!)

3. Vivir en otro país (aunque sea por un breve periodo de tiempo). Esto te dará una perspectiva totalmente nueva sobre tu país, el mundo, y cómo se percibe en este.

4. Viajar baratamente. Escoger un destino y hacerlo, de mochilazo, quedarse en hostales, comer comida inidentificable y asegurarte de llevar medicina para la diarrea. Una vez que eres mayor, es más difícil para tu cuerpo aguantar el ritmo del viaje, soportar la comida, y las desveladas.

5. Enfrentar un miedo. No importa si es a las alturas o a las arañas, descubre la manera de confrontarlo.

6. Tener sexo con las luces encendidas. Te encontrarán mucho más sexy, lo cuál sólo ayudará a tu auto confianza.

7. Gastar un buen dinero en unos jeans. Asegúrate que te queden de maravilla y tienes puntos extra si además le quedan perfecto a tu grupo de amigas de diferentes tallas y hacen que pasen cosas mágicas.

8. Disculparse con alguien con quien fuiste ojete en primaria. Excepto por la niña que no usó brackets, porque todos se sentían inseguros en esa época. Con un pequeño mensaje de facebook, basta para alegrarle el día.

9. Hacer un amigo que sea realmente SOLO amigo. De la clase que no te interesa que te vea desnuda y que no le interese verte desnuda. Amigos gays no cuentan.

10. Conseguir un trabajo relacionado con la comida o la ropa. Jamás tratarás a los meseros, bartenders, o vendedores igual. De pronto comprenderás por qué te piden que cuelgues el teléfono cuando te van a tomar la orden, o te piden que saques la ropa del probador.

11. Descubrir qué clase de vino disfrutas. Hay vida más allá del Franzia y te sentirás mucho más madura y adulta cuando puedas decirle a tu cita que prefieres un Chardonnay Seco sobre un Pinnot dulce.

12. Ir de roadtrip con tus amigas. No importa el destino, como Miley Cyrus cantó “it’s all about the climb”: nada acerca más a las amigas que juegos sin fin de “caricachupas”, horas de pláticas y sing-a-longs de Disney.

13. Probar una comida que no puedas pronunciar.

14. Ir a un juego de futbol universitario y volverse loca. Píntate la cara, pierde la voz echando porras y festejando con todo el mundo.

15. Ir a un show en Broadway. Hasta las personas más cínicas salen del teatro con una sonrisa.

16. Pasar 24 horas desconectado del mundo. Esto significa apagar tu celular, y la computadora.

17. Nadar desnuda.

18. Aportar algo a la comunidad. Ya sea construyendo casas para Habitat para la Humanidad, participando en un rally para la vida o un maratón de baile de 4 días, tendrás una gran experiencia y te sentirás muy bien contigo misma.

19. Aprender a hacer tus impuestos y a administrar tu dinero. Esto hará que la transición a la adultez y al mundo real sea más fácil.

20. Llevar a tus padres a cenar a un lugar lindo. Sólo porque lo merecen.

21. Comenzar un blog sobre tu vida y actualizarlo regularmente. Seguro parece un poco egocentrista, pero en 10 años estarás agradecida cuando puedas mirar atrás cuando la pasabas en grande.

22. Ir a un Desfile del Orgullo Gay. No hay nada tan divertido y memorable como ello.

23. Ir a Las Vegas y dejar ir. Diviértete y diviértete más, después ve a un buffet de todo lo que puedas comer para reponerte y seguir divirtiéndote.

24. Aprender a manejar un coche estándar. Son más baratos y los hombres encuentran sexy eso de una mujer.

25. Donar sangre. Si te asusta la idea o las agujas, imagínate ser quien necesita esa sangre, o que un familiar lo necesitara, y si eso no te funciona, piensa en galletas.


18 ago 2010

Home

'When I think of home, I think of a place,
where there's love overflowing.'

Siempre ha sido mi sueño vivir sola y es que ¿quién no quisiera tener un lugar propio? donde no haya interrupciones al hablar por teléfono o cualquiera de sus modalidades (nextel, celular, blackberry, skype, y demás), donde los papás no bajen a cenar a la hora en que el novio está de visita, donde pueda invitar a quien quiera y CUANDO quiera, hacer fiestas y reuniones sin tener que avisarle a nadie con anticipación para que recoja el tiradero de la sala; dormirse y levantarse tarde sin que alguien entre a apagar el clima o a hacer ruido porque quiere sacar unos zapatos o un pantalón del closet; llegar a dormir a las cinco de la mañana que cerraron el antro (o no llegar del todo), salir a las 11 de la noche a dar la vuelta sin que alguien te pregunte a dónde vas o por qué sales a esta hora; llamar al trabajo enferma y quedarse en cama todo el día sin que se lo estén reprochando; comprar en el Super Mercado lo que uno quiera comer, incluyendo cereales azucarados en lugar de los de fibra o dieta, leche entera, jamón NORMAL en lugar de “pechuga de pavo”, pan blanco y no integral, sin mencionar la Coca Cola y jugos que nadie se podrá tomar ya que no hay nadie más allí…

Es una idea que me vuelve loca con sólo pensarlo… las posibilidades que el tener una casa/depa sola ofrece para mí son muuuuuyyy atractivas, y es algo que quiero hacer en un futuro no muy lejano, aunque en estos últimos días he pensado que si tuviera la oportunidad de hacerlo en serio, me costaría más trabajo desprenderme de las comodidades de mi hogar…


Las personas que viven solas tienen que limpiar su propio tiradero… recoger su ropa, lavarla y plancharla, o en su defecto, llevarla a una lavandería; llegar del trabajo y prepararse de comer o cenar, para después lavar trastes, además de hacer el súper cada determinado tiempo; lavar el baño y sacar la basura muy probablemente en fin de semana, porque creo que a nadie le queda tiempo libre para hacer estas cosas cuando trabaja alrededor de ocho horas al día… o más bien, a NADIE le quedan ganas de hacer estas cosas cuando trabaja alrededor de ocho horas al día.

Normalmente, cuando salgo de trabajar, mi papá me recoge en el trabajo y me prepara la cena con todo y chocomilk. En mi casa, hay alguien que lava y plancha la ropa, mi mamá cambia las sábanas cada determinado tiempo y guarda las cosas que están tiradas, en su lugar. Cualquiera de los dos, nos lleva o nos recoge, y siempre hay algo de comer en el refrigerador o en la alacena, la casa está limpia, en fin, no falta nada.

Si viviera sola, tendría que agarrar un camión a las 9 de la noche para llegar a mi casa con taaaanta flojera que preferiría no cenar sin importar mi grado de hambre. Haría lo posible por no ensuciar NADA para no tener que limpiar o recoger después. Iría a comer a casa de mis papás cada vez que me fuera posible y hasta llevaría mi ropa sucia para que allí me lavaran y plancharan…

El punto es que tener casa sola tiene muchas ventajas, pero definitivamente no se comparan a la comodidad del hogar, pero más que a la comodidad, a lo que representa un hogar: familia, unión, cariño, detalles... La otra noche me quedé dormida destapada en el cuarto de mi hermano, con la televisión prendida y escuché cuando mis papás entraron y como bebé, me “arroparon” y apagaron la luz y la televisión. Entonces, por un momento, se borró de mi mente la idea de irme de mi hogar.